Mis pasos en esta calle
Resuenan
En otra calle
Donde
Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Sólo es real la niebla.

Octavio Paz

jueves, 8 de marzo de 2012

En el abrazo noctámbulo la sensatez se nos escurre hasta el hartazgo de entre nuestras manos.
Lo que queda son mesas con brownies a medio comer, el ponche derramado en pegajoso rosa, papel picado y las corbatas de los jefes, anundadas en el piso como serpientes.
Pero en el fondo del salón, donde la luz del día todavía no te toca, quedás vos.


Fiesta

Encanto promiscuo, nado las tablas del sol, como murciélago, como bicho-pájaro enamorado de la fealdad, y tu casa me pone a gritos en la vereda que espera pase el temporal. Casi cielo, casi victoria, carreteles de lo lumínico hasta lo verde musgo, aislándome de tu casi risa de mueca maravilla, astilla los primeros ojos del sol de ayer. Metamorfosis de hielo. La gente tiene pesuñas y yo soy la bosta que pisan y me relamo y me aplasto y te veo crecer. Me enamoro, vos no podés, te encuentro. Un ala mágica nos ve surgir, rozar las espaldas, elevar al cosmos un canto universal, sinérgico, inflamable. Yo no sé nada de la luna, sino de tus alcantarillas con forma, con engaño de ángel/murciélago, no quiero correr con éste anzuelo clavado a mis ansias desde mi nariz. Patitos de goma ahogados en la bañera, cuán feliz me ponés, cuán contento estoy. ¿Y si te tiro por la ventana? O te pinto como Dalí, te agujero como a la nieve caliente, te hago puerta para ir. Me desarmo de tu último hallazgo de cofrecitos de cristal y me río de tu muerte ambulatoria con el whisky al borde del patio, al borde del talón.

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