Mis pasos en esta calle
Resuenan
En otra calle
Donde
Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Sólo es real la niebla.

Octavio Paz

jueves, 21 de marzo de 2013

Packaging Elena

I

"búscame al final de tu heladera
 envuélveme en el plástico de tu perfume
 déjame caer otra vez"


Llegaste hasta la puerta casi entera de vidrio del edificio con ese aire de solemnidad que se te cae a pedazos justo después de que hablás, estirando la palabra que te sirve de saludo, mientras torcés la cabeza hasta cerca de tu hombro, como si fuera casi un gesto de dulzura, de fragilidad, esas cosas que alguna vez creí que tuvieras.

El metal verde que divide el panel de vidrio te corta la figura justo en la mitad, a la altura de la cintura (mirá como se me ponen los dedos, parece se me caen cuando me acuerdo caminando esa curva tuya, mullida, fría, de tu mismo color). Ahora el reflejo del vidrio nos superpone. Me devuelve la fantasía de estarnos encima y tu sonrisa macabra, la que hacés mientras te enredás entera en papel film, desnuda de pies a cabeza, para que en realidad mi sed no te toque. Cuerpo de silencio, de noche. La cómoda oscura de la abuela detenida en el tiempo y en la humedad. Una habitación lúgubre, fotos pintadas, la cama chillando. El olor a telas de arañas.

Tenés un vestido negro de modal o de alguna tela fina, algo ajustada y hasta las rodillas (esos cortes que nunca te ponés) con un escote redondo o cuadrado, no me acuerdo, pero grande a la medida de tus senos y a la tuya propia. Sonreís atrás del vidrio que te enmudece con el gesto del que vuelve y como anunciándote con una mueca certera, segura, mala y burlona como las que siempre me esgrimís bien temprano o de noche volviendo juntos. Y en realidad estás fría, otra vez, poniendo esa distancia transparente pero inmóvil, infranqueable. Llamándome como el azul al pájaro a través de la ventana. La cabeza golpeando en el cristal una y mil veces. Renovar el aleteo, tomar otra vez el ingenuo envión. Y vos, riéndote del engaño y de la inocencia como un curso entero de chicos de primaria, sin que uno solo se levante a abrir la ventana para poner fin al deseo más absurdo. Elena, ¿por qué no tuviste al menos un brote de lástima y me diste la libertad aunque no la quisiera? Te convertiste en el personaje más deseado pero inviolable dentro de su empaque. Pura exhibición. Coleccionismo lastimoso. El superhéroe que nunca va a salir al patio a volar y pisotear hormigas.

domingo, 28 de octubre de 2012


De ceniza, de ese polvo que dejan los días, son mis huesos. Los corroe una luz gris.
(Ningún mensaje de texto. Mañana, domingo con sol. La cama destendida de a uno, la camisa arrugada, los labios pelados. La peor resaca es la que nunca se tiene.)
Entenderé que quise la espera, consumirme, ser materia oscura para que en tu venida yo ya no sea yo.

viernes, 27 de julio de 2012

Manos de espuma no devolverán a ningún fantasma a su tumba
Hay un cuchillo que no sangra 
Vana es la tarea del sepulturero, incapaz con su miedo: vivirá en el aire, verticalmente con ellos, o será la presa más íntima de su propio oficio.


                                                                                    
Foto: Robert and Shana ParkeHarrison

jueves, 26 de julio de 2012


Lo que mamá no sabe todavía es que me cago en los calzoncillos. No sabe que hace rato pude elegir entre re-cagarme encima, sentir esa bola meciéndose entre las piernas, o dejar de lado ocupaciones y/o distracciones e ir racionalmente al baño. No encuentro en ninguna otra actividad (alcohol, drogas, escuchar música, comer, masturbarme o tener sexo) el placer faraónico de sentir como se desliza la mierda por mi entrepierna o mis muslos cuando por suerte tiene la condición de chorreárseme hasta las medias (las medias me las regaló mi tía para mi último cumpleaños, son de la marca que usan los tenistas, en mi caso deberán conformarse con teñirse de marrón.)
Al principio era un placer reservado para mí. Como vos llegás a tu casa después del laburo, te descalzás, ves la tele y te tomás un porrón, yo me cago. Por supuesto vivo solo, los demás no entienden de la felicidad de tal actividad. En realidad creo que por eso me dejó la única chica con la que pude salir más de un mes. Ya no era creíble que sacara tantas veces el perro a pasear o me olvidara siempre de comprar algo y saliera a último momento, sólo para encontrarme solo y dar paso a la felicidad marrón.  Pero en realidad fue en esas salidas cuando descubrí que podía cagarme en público, en la calle, en el parque. La gente ni siquiera nota que andás con la bolsa escatológica entre las patas, o caminando con las piernas abiertas, como los payasos esos que salen de entrenar. Andan demasiado ocupados ocupándose de ocupaciones. El hecho es que cuando descubrí que no había obstáculos para cagarme en la vía pública, la experiencia fue mejor que cualquier relación. Me cagaba en el bondi, en las clases, en el boliche, y hasta un domingo acompañé a mi abuela a misa para re-cagarme en dios. Pero incluso así, cagándome arriba donde se me dé la gana, mamá nunca se enteró. A veces quiero pensar que tiene un resfrío, que por eso no siente el olor a mierda que desprendo, o que en verdad no ve bien con los anteojos nuevos cuando le dejo al estampado de la silla una mancha más. Es increíble. Hasta dejé los calzoncillos llenos en el lavadero y se empecina en pensar que es la perra. 
Después de todo debe ser así. Una madre puede saber de un hijo hasta cierto punto. Incluso, hasta cierta edad. Yo creo que debe ser parte de la vida, tampoco voy a atarla a que conozca todo lo que me pasa, quizás no conozco yo tampoco nada de ella. Lo tengo decidido, no voy a interesarme más en que note que me cago encima, que es mi cuota diaria de felicidad y que es lo que hace que me sienta yo, un ser auténtico y original. Después de todo me conviene, si algún día conoce mi afición, no tendrá derecho a reprochármelo o a mandarme a un analista por un probable inconveniente en el desarrollo de la fase anal. 

domingo, 24 de junio de 2012

Delimitaciones -al borde de lo cotidiano-


¿Qué de las formas que te dibujan, del contorno suave, filoso? ¿Qué de la tensión precisa, del trabajo como engranajes de lo que te forma, los volúmenes, la firmeza, las sombras que se proyectan? 
Me pregunto. Me preguntan mis ojos hundidos en los abismos de lo tuyo, en los acantilados rosados, los fines in-finitos, los caminos que te recorren hasta donde las nuevas formas no dejan ver. Ahí nace tu misterio. Tu misterio que es mío. Mío, como la certeza que no te conoce, como la austera sensación de que hay un tiro que se dispara y nunca impacta contra nada. Nada, claro. Sos vos. Otra vez. Así existís: en la repetición. En los dobleces como rutinarios, en las caídas repentinas. ¿Caigo de tus filas recorriéndote o caes de lleno, enteramente en mí? No conozco el espacio que nos aleja (pero que te dibuja). Si es esa la distancia que mi mente crea y te da existencia, o si será el puente sin cuerdas que a veces me animo a cruzar.

domingo, 11 de marzo de 2012

Unos de Jorge

1964 I Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines. Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado, cristal de soledad, sol de agonías. Adiós las mutuas manos y las sienes que acercaba el amor. Hoy sólo tienes la fiel memoria y los desiertos días. Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valiente para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra. II Ya no seré feliz. Tal vez no importa. Hay tantas otras cosas en el mundo; un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar. La vida es corta y aunque las horas son tan largas, una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del sol y de la luna y del amor. La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada; lo que era todo tiene que ser nada. Sólo me queda el goce de estar triste, esa vana costumbre que me inclina al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Los justos Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. El que agradece que en la tierra haya música. El que descubre con placer una etimología. Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. El ceramista que premedita un color y una forma. Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. El que agradece que en la tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros tengan razón. Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


jueves, 8 de marzo de 2012

En el abrazo noctámbulo la sensatez se nos escurre hasta el hartazgo de entre nuestras manos.
Lo que queda son mesas con brownies a medio comer, el ponche derramado en pegajoso rosa, papel picado y las corbatas de los jefes, anundadas en el piso como serpientes.
Pero en el fondo del salón, donde la luz del día todavía no te toca, quedás vos.


Fiesta

Encanto promiscuo, nado las tablas del sol, como murciélago, como bicho-pájaro enamorado de la fealdad, y tu casa me pone a gritos en la vereda que espera pase el temporal. Casi cielo, casi victoria, carreteles de lo lumínico hasta lo verde musgo, aislándome de tu casi risa de mueca maravilla, astilla los primeros ojos del sol de ayer. Metamorfosis de hielo. La gente tiene pesuñas y yo soy la bosta que pisan y me relamo y me aplasto y te veo crecer. Me enamoro, vos no podés, te encuentro. Un ala mágica nos ve surgir, rozar las espaldas, elevar al cosmos un canto universal, sinérgico, inflamable. Yo no sé nada de la luna, sino de tus alcantarillas con forma, con engaño de ángel/murciélago, no quiero correr con éste anzuelo clavado a mis ansias desde mi nariz. Patitos de goma ahogados en la bañera, cuán feliz me ponés, cuán contento estoy. ¿Y si te tiro por la ventana? O te pinto como Dalí, te agujero como a la nieve caliente, te hago puerta para ir. Me desarmo de tu último hallazgo de cofrecitos de cristal y me río de tu muerte ambulatoria con el whisky al borde del patio, al borde del talón.