Mis pasos en esta calle
Resuenan
En otra calle
Donde
Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Sólo es real la niebla.
Octavio Paz
Resuenan
En otra calle
Donde
Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Sólo es real la niebla.
Octavio Paz
domingo, 28 de octubre de 2012
De ceniza, de ese polvo que dejan los días, son mis huesos. Los corroe una luz gris.
(Ningún mensaje de texto. Mañana, domingo con sol. La cama destendida de a uno, la camisa arrugada, los labios pelados. La peor resaca es la que nunca se tiene.)
Entenderé que quise la espera, consumirme, ser materia oscura para que en tu venida yo ya no sea yo.
viernes, 27 de julio de 2012
jueves, 26 de julio de 2012
Lo que mamá
no sabe todavía es que me cago en los calzoncillos. No sabe que hace rato pude
elegir entre re-cagarme encima, sentir esa bola meciéndose entre las piernas, o
dejar de lado ocupaciones y/o distracciones e ir racionalmente al baño. No
encuentro en ninguna otra actividad (alcohol, drogas, escuchar música, comer,
masturbarme o tener sexo) el placer faraónico de sentir como se desliza la
mierda por mi entrepierna o mis muslos cuando por suerte tiene la condición de chorreárseme
hasta las medias (las medias me las regaló mi tía para mi último cumpleaños,
son de la marca que usan los tenistas, en mi caso deberán conformarse con teñirse
de marrón.)
Al principio era un placer
reservado para mí. Como vos llegás a tu casa después del laburo, te descalzás,
ves la tele y te tomás un porrón, yo me cago. Por supuesto vivo solo, los demás
no entienden de la felicidad de tal actividad. En realidad creo que por eso me
dejó la única chica con la que pude salir más de un mes. Ya no era creíble que
sacara tantas veces el perro a pasear o me olvidara siempre de comprar algo y
saliera a último momento, sólo para encontrarme solo y dar paso a la felicidad
marrón. Pero en realidad fue en esas
salidas cuando descubrí que podía cagarme en público, en la calle, en el
parque. La gente ni siquiera nota que andás con la bolsa escatológica entre las
patas, o caminando con las piernas abiertas, como los payasos esos que salen de
entrenar. Andan demasiado ocupados ocupándose de ocupaciones. El hecho es que
cuando descubrí que no había obstáculos para cagarme en la vía pública, la
experiencia fue mejor que cualquier relación. Me cagaba en el bondi, en las
clases, en el boliche, y hasta un domingo acompañé a mi abuela a misa para
re-cagarme en dios.
Pero incluso así, cagándome arriba donde se me dé la gana, mamá nunca se
enteró. A veces quiero pensar que tiene un resfrío, que por eso no siente el
olor a mierda que desprendo, o que en verdad no ve bien con los anteojos nuevos
cuando le dejo al estampado de la silla una mancha más. Es increíble. Hasta
dejé los calzoncillos llenos en el lavadero y se empecina en pensar que es la
perra. Después de todo debe ser así. Una madre puede saber de un hijo hasta cierto punto. Incluso, hasta cierta edad. Yo creo que debe ser parte de la vida, tampoco voy a atarla a que conozca todo lo que me pasa, quizás no conozco yo tampoco nada de ella. Lo tengo decidido, no voy a interesarme más en que note que me cago encima, que es mi cuota diaria de felicidad y que es lo que hace que me sienta yo, un ser auténtico y original. Después de todo me conviene, si algún día conoce mi afición, no tendrá derecho a reprochármelo o a mandarme a un analista por un probable inconveniente en el desarrollo de la fase anal.
domingo, 24 de junio de 2012
Delimitaciones -al borde de lo cotidiano-
¿Qué de las formas que te dibujan, del contorno suave, filoso? ¿Qué de la tensión precisa, del trabajo como engranajes de lo que te forma, los volúmenes, la firmeza, las sombras que se proyectan?
Me pregunto. Me preguntan mis ojos hundidos en los abismos de lo tuyo, en los acantilados rosados, los fines in-finitos, los caminos que te recorren hasta donde las nuevas formas no dejan ver. Ahí nace tu misterio. Tu misterio que es mío. Mío, como la certeza que no te conoce, como la austera sensación de que hay un tiro que se dispara y nunca impacta contra nada. Nada, claro. Sos vos. Otra vez. Así existís: en la repetición. En los dobleces como rutinarios, en las caídas repentinas. ¿Caigo de tus filas recorriéndote o caes de lleno, enteramente en mí? No conozco el espacio que nos aleja (pero que te dibuja). Si es esa la distancia que mi mente crea y te da existencia, o si será el puente sin cuerdas que a veces me animo a cruzar.
domingo, 11 de marzo de 2012
Unos de Jorge
1964 I Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines. Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado, cristal de soledad, sol de agonías. Adiós las mutuas manos y las sienes que acercaba el amor. Hoy sólo tienes la fiel memoria y los desiertos días. Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valiente para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra. II Ya no seré feliz. Tal vez no importa. Hay tantas otras cosas en el mundo; un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar. La vida es corta y aunque las horas son tan largas, una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del sol y de la luna y del amor. La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada; lo que era todo tiene que ser nada. Sólo me queda el goce de estar triste, esa vana costumbre que me inclina al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Los justos Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. El que agradece que en la tierra haya música. El que descubre con placer una etimología. Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. El ceramista que premedita un color y una forma. Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. El que agradece que en la tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros tengan razón. Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.
jueves, 8 de marzo de 2012
En el abrazo noctámbulo la sensatez se nos escurre hasta el hartazgo de entre nuestras manos.
Lo que queda son mesas con brownies a medio comer, el ponche derramado en pegajoso rosa, papel picado y las corbatas de los jefes, anundadas en el piso como serpientes.
Pero en el fondo del salón, donde la luz del día todavía no te toca, quedás vos.
Lo que queda son mesas con brownies a medio comer, el ponche derramado en pegajoso rosa, papel picado y las corbatas de los jefes, anundadas en el piso como serpientes.
Pero en el fondo del salón, donde la luz del día todavía no te toca, quedás vos.
Fiesta
Encanto promiscuo, nado las tablas del sol, como murciélago, como bicho-pájaro enamorado de la fealdad, y tu casa me pone a gritos en la vereda que espera pase el temporal. Casi cielo, casi victoria, carreteles de lo lumínico hasta lo verde musgo, aislándome de tu casi risa de mueca maravilla, astilla los primeros ojos del sol de ayer. Metamorfosis de hielo. La gente tiene pesuñas y yo soy la bosta que pisan y me relamo y me aplasto y te veo crecer. Me enamoro, vos no podés, te encuentro. Un ala mágica nos ve surgir, rozar las espaldas, elevar al cosmos un canto universal, sinérgico, inflamable. Yo no sé nada de la luna, sino de tus alcantarillas con forma, con engaño de ángel/murciélago, no quiero correr con éste anzuelo clavado a mis ansias desde mi nariz. Patitos de goma ahogados en la bañera, cuán feliz me ponés, cuán contento estoy. ¿Y si te tiro por la ventana? O te pinto como Dalí, te agujero como a la nieve caliente, te hago puerta para ir. Me desarmo de tu último hallazgo de cofrecitos de cristal y me río de tu muerte ambulatoria con el whisky al borde del patio, al borde del talón.
Encanto promiscuo, nado las tablas del sol, como murciélago, como bicho-pájaro enamorado de la fealdad, y tu casa me pone a gritos en la vereda que espera pase el temporal. Casi cielo, casi victoria, carreteles de lo lumínico hasta lo verde musgo, aislándome de tu casi risa de mueca maravilla, astilla los primeros ojos del sol de ayer. Metamorfosis de hielo. La gente tiene pesuñas y yo soy la bosta que pisan y me relamo y me aplasto y te veo crecer. Me enamoro, vos no podés, te encuentro. Un ala mágica nos ve surgir, rozar las espaldas, elevar al cosmos un canto universal, sinérgico, inflamable. Yo no sé nada de la luna, sino de tus alcantarillas con forma, con engaño de ángel/murciélago, no quiero correr con éste anzuelo clavado a mis ansias desde mi nariz. Patitos de goma ahogados en la bañera, cuán feliz me ponés, cuán contento estoy. ¿Y si te tiro por la ventana? O te pinto como Dalí, te agujero como a la nieve caliente, te hago puerta para ir. Me desarmo de tu último hallazgo de cofrecitos de cristal y me río de tu muerte ambulatoria con el whisky al borde del patio, al borde del talón.
Jugo de durazno sobre la almohada
Hubiera preferido que sea vino,
que sea noche,
inconciente.
Hubiera preferido que seas vos,
como en el sueño,
en el eterno carnaval de juguete.
Cajas de cartón y sombrillas.
que sea noche,
inconciente.
Hubiera preferido que seas vos,
como en el sueño,
en el eterno carnaval de juguete.
Cajas de cartón y sombrillas.
domingo, 29 de enero de 2012
Que lo Blanco, a su modo, tiene lo mismo de irreversible que lo Negro
Bueno, ¿entonces una de grises?
Me miré de nuevo con la misma carita, la frente húmeda, los pelos feos, ojitos que se van.
Que se van como yo, otra vez.
Nuevamente,
escapar.
De-nuevo,
irse.
¡Dejá de inventarte la escena, la vida no es esa película que vos creés!
¿Ves que te dije? Yo te advertí. Ahora sos el que siempre tuviste miedo de ser.
Eso, al menos.
viernes, 27 de enero de 2012
Informe de ¿noticias?
Cuando al final del día telefonean los amigos desde el patio o el balcón si con suerte gozan de la libertad (y ahí nomás) del inalámbrico, o soportan el tapizado caluroso del sillón del living que intentan olvidar fumando; la charla transcurre entre ocupaciones que rondan lo que ocurrió en el capítulo siete de la novela que también estás fumando, el relato como de hermano de las vicisitudes del/los protagonistas (que esperanzados con la mirada que va hasta el techo a veces quisiéramos tener), la podada de los rosales de la abuela, el césped que no creció tan rápido esta vez, nueva obsesión: que el volumen del estéreo no quede en número impar y fijate que los duraznos están mejor en lo de don Carlos pero eso sí, aprendé a bancarte la pelusa que no tuvimos la suerte de nacer pelones. Se me quemó el tele desayunándome los embotellamientos porteños, me compré un cortaúñas nuevo, y claro, pasá mañana que entre mate y mate lo probamos, te muestro los discos nuevos que bajé y mirá como me quedaron los malvones che, de piedad no saben las hormigas. Y este mediodía me levanté igual, como si de todas formas me esperara un desayuno de estudiante (olvidate de la naranja y el pan fresco), una corrida a pie, otra en colectivo y una clase que depende del humor del profesor. Viste como somos… ahora tengo la comida en la mesa pero no me aguanto y miro al costado.
Desgano.
Duda.
Café instantáneo.
Y si los hábitos son menos sedentarios que los míos, el informe de las tiradas en la piscina, los minutos extra de trote o el placer de llenar de tierra la cámara nueva de la bicicleta; más cuánto énfasis llevan los cables telefónicos si te cuento que a la tarde escribí un poema y que el licuado de banana estuvo bueno pero necesitaba una vuelta más.
Menos mal che, que el verano es largo.
(Mentira, eso era antes)
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