Mis pasos en esta calle
Resuenan
En otra calle
Donde
Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Sólo es real la niebla.

Octavio Paz

sábado, 20 de agosto de 2011

Hundirte

Extrañar. Al hilo, de a cinco o seis. Extrañar con el frío, con la pobreza, con la calle desolada, la locura, la mediocridad. Del lado de acá, del lado de allá. Extrañar lo extrañado, lo perdido, nunca encontrado. Extrañar lo que nunca fue piedra entre las manos, entre estas manos rojas, pálidas de calor.
Unir al exceso de esta mirada vertical que quiere la respuesta, el baile frenético que el gusto propio de bailar ocasiona.Ceder a las piernas el éxtasis del abandono y verlo surgir en estos saltos.
Te pisan, te recuerdan, te dan así la vida con que cortás los talones blancos éstos y después me dejo al acto placentero de aplastarte, con todas las fuerzas aplastarte, los ojos comprimidos, los labios pegados.
Te entierro así, en el polvo más volátil y suave. Tengo tus dedos muertos a la vista para regalarte una mirada cada tanto, saber que estás ahí y que tu presencia se convierte en mi trinchera, las trincheras que me cortan las piernas y me hunden a la oscuro y lo mojado.
A veces, si no te miento, me entregaría al anhelo de arrodillarme, pelarme las rodillas, llorar y ahogarme entre el barro que te recubre, comerme los mocos, tu carne podrida, hundir las cienes en lo putrefacto que entrega tu cara, tus huesos verdes y que me ahogues, me succiones, me entres el cuerpo todo y me beses. Con labios que se despedazan en cada bocanada contra los míos, que me beses, me pudras los dientes y la lengua. Que transportes la tuya hacia mi sur, hacia los límites de lo muerto y lo que está muriendo. Que me dibujes con tu lengua, descubrir rastros como de caracol.
Entonces te pertenezco, soy de tu mismo asco, de tu misma vida húmeda. Estamos a la par, me ves verde, me ves marrón.
Te abrazo con brazos que no sé donde acaban y te entregás al placer de lo putrefacto, de la mierda que nos baña. Ni vos pensás en la vida eterna, ni yo.
Y te abrís, te entregás en cuerpo, sólo en cuerpo si ya no somos alma y el entierro: una vez más, un entierro.

lunes, 15 de agosto de 2011

Digiriendo uñas

(que este escrito, antes que nada, no podrá plasmar las ansias éstas)

a la mejor de todas, leer unas hojitas de cortázar, o mirá que es un buen domingo para el sábato realista y, por ende, pesimista que no se cansa de vomitarte la camisa blanca esa que llevás con orgullo, bien metidita adentro, cuello acomodado y por favor que se vea el cinturón que mamá no gastó al cuete.
a lo mejor te hacés trizas contra esas páginas pero al menos metés los dedos en la grasa, con el asco que el impulso no puede detener.
mi felicidad basta con la merienda después de la escuela, a las cinco y media, volviendo con el delantal desabrochado que el envión hace bailar y el sol naranja trigo mientras la bici rumbea para lo de la abuela y una ensaladita de puchero frío, y gracias y mirá si me voy a acordar que voy a añorarlo en el bocado de zanahoria si está más rico que puchero a las 5.
pero hoy hay café solo a falta de leche, masitas putas sin manteca y mirar la pared blanca (cométe vos el programa ese)

acá había algo que no voy a publicar.