(que este escrito, antes que nada, no podrá plasmar las ansias éstas)
a la mejor de todas, leer unas hojitas de cortázar, o mirá que es un buen domingo para el sábato realista y, por ende, pesimista que no se cansa de vomitarte la camisa blanca esa que llevás con orgullo, bien metidita adentro, cuello acomodado y por favor que se vea el cinturón que mamá no gastó al cuete.
a lo mejor te hacés trizas contra esas páginas pero al menos metés los dedos en la grasa, con el asco que el impulso no puede detener.
mi felicidad basta con la merienda después de la escuela, a las cinco y media, volviendo con el delantal desabrochado que el envión hace bailar y el sol naranja trigo mientras la bici rumbea para lo de la abuela y una ensaladita de puchero frío, y gracias y mirá si me voy a acordar que voy a añorarlo en el bocado de zanahoria si está más rico que puchero a las 5.
pero hoy hay café solo a falta de leche, masitas putas sin manteca y mirar la pared blanca (cométe vos el programa ese)
acá había algo que no voy a publicar.
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