Mis pasos en esta calle
Resuenan
En otra calle
Donde
Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Sólo es real la niebla.

Octavio Paz

jueves, 24 de febrero de 2011

- ¿Las historias, en los sueños, tienen finales? - le planteó.
- Nunca había pensado en eso -
-Tampoco yo, acabo de preguntármelo. Y es casi insoportable. -

miércoles, 23 de febrero de 2011

Segunda parte

Y corríamos. Instintivamente mirábamos hacia atrás, horrorizados. Las partes en llamas salían de un núcleo blanco de humo explosivo y volaban en todas direcciones, incluida la nuestra. Estaban en llamas, e iban dejando una estela de humo en su recorrido.
El escape era difícil y mantener el equilibrio se dificultaba corriendo colina abajo. Sí, por una colina segundos antes verde, ahora manchada de rojos y naranjas fuego intentábamos esquivar los proyectiles de aquel avión, que después de volar serenamente, había dado un brusco giro encima nuestro y se había despedazado.
Corríamos, mirábamos aunque no quisiéramos, ella estaba conmigo y se derramaba nuestra misma sangre.
Segundos que se congelaban y así se prolongaban, marcaban el momento desesperado de la huída.

Giré nuevamente hacia atrás y mis pupilas vieron crecer en lo más hondo ese intenso rojo fuego que fue creciendo, y agrandándose... y que llegó.

Silencio negro.

martes, 22 de febrero de 2011

MAYDAY

Primera parte

El vuelo era rápido y sereno. Parejo. Todavía la sensación de ligereza, de desplazarse como flecha en el espacio, tajante, cortando el aire a ras del piso, muy cerca.
Ruido a turbinas. Las luces de aquel avión reflejaban, potentes, el gris de la ruta que sobrevolaba. Las marcas blancas de ésta resplandecían.
Naciendo iban, como marcando un camino recto y sin posibles desvíos, unos pinos verdes, muy verdes que brillaban con los reflectores.
Supongo que en el principio, la sensación en la cabina era de tranquilidad, de aunque el primero para mí, un vuelo de tantos más. Pero las características no eran las normales.
Puedo asegurar que viajaba en la cabina. El paisaje antes relatado se aparecía ante mis ojos a través de las ventanas en forma de figuras geométricas. Y pasaban rápido, muy rápido.
Del espacio donde me encontraba no recuerdo más que una habitación de matices grises, tanto el piso como las paredes. Al frente dos asientos. Pero todo parecía muy despoblado, espacioso.
Sé con certeza quién ocupaba uno de los asientos, el más importante, quién piloteaba la nave. Me acompañaban dos amigos, y hacia el final parecían ser tres.
Pero tuve de repente, una sensación nerviosa, con sabor a acero. La tranquilidad que habitaba no seguiría durante más tiempo. Y no siguió.
Sin previo aviso se dibujó en frente, en nuestro rumbo, una pared marrón, una montaña supongo, que decidió echar pies delante nuestro.
La calma se transformó en desesperación. Nos acercábamos veloz y catastróficamente hacia el obstáculo en frente.
La piloto fue alertada por nuestros gritos desesperados. Alrededor de ella dos o tres saltábamos aterrados, agitando los brazos, tomándonos la cabeza.
Los árboles que alguna vez marcaron nuestro camino, ahora eran soldados de plomo parados firmemente impidiéndonos el escape.
El avión comenzó a agitarse bruscamente. Las luces reflejadas en la ruta temblaban como celofán. La nave rugía, el acero se retorcía y las turbinas chillaban insoportables.
La piloto usaba todas sus fuerzas; forcejeaba con la palanca y no podía levantar la nariz de la nave, cuyo peso parecía haberse multiplicado. La lucha era incansable. La cabina se agitaba. Nuestros gritos no cesaban y la pared se acercaba más. Las luces, los ruidos, los golpes y el instante anterior al vuelo en alto... la pared, que no aguantó ser la perdedora. Sonido infinito a destrucción.

Silencio negro.

martes, 8 de febrero de 2011

"Por medio de la cámara, el fotógrafo sustrae del río del tiempo el mundo que lo rodea (...) y consigue perpetuarlo hermosamente y tal cual es como si les robara el alma"
A. Bioy Casares

"Es la primera vez que la veo. Como si yo no viera sino a través del lente de la cámara"



martes, 1 de febrero de 2011

¿Te cabe?

No caber en ningún sitio,
no acomodarse en ningún molde,
al menos poder fingir.
Pero qué infelicidad. Qué desdicha.

No caber en mi molde, ni en el que propusiste para mí.
Ni en el que estaba, ni en el que compraré.
Ni en moldes viejos, ni en los "último modelo".
No caber.

Ni en los moldes por catálogo,
o los que venden por la tele, en Sprayette.
Tampoco en los moldes revista, familia o test.
No caber.

Ni siquiera en el "perfecto",
molde sabandija si lo hay.

(No te acomodes demasiado, el confort te sale caro.)

No me cabe no caber.