Segunda parte
Y corríamos. Instintivamente mirábamos hacia atrás, horrorizados. Las partes en llamas salían de un núcleo blanco de humo explosivo y volaban en todas direcciones, incluida la nuestra. Estaban en llamas, e iban dejando una estela de humo en su recorrido.
El escape era difícil y mantener el equilibrio se dificultaba corriendo colina abajo. Sí, por una colina segundos antes verde, ahora manchada de rojos y naranjas fuego intentábamos esquivar los proyectiles de aquel avión, que después de volar serenamente, había dado un brusco giro encima nuestro y se había despedazado.
Corríamos, mirábamos aunque no quisiéramos, ella estaba conmigo y se derramaba nuestra misma sangre.
Segundos que se congelaban y así se prolongaban, marcaban el momento desesperado de la huída.
Giré nuevamente hacia atrás y mis pupilas vieron crecer en lo más hondo ese intenso rojo fuego que fue creciendo, y agrandándose... y que llegó.
Silencio negro.
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