Extrañar. Al hilo, de a cinco o seis. Extrañar con el frío, con la pobreza, con la calle desolada, la locura, la mediocridad. Del lado de acá, del lado de allá. Extrañar lo extrañado, lo perdido, nunca encontrado. Extrañar lo que nunca fue piedra entre las manos, entre estas manos rojas, pálidas de calor.
Unir al exceso de esta mirada vertical que quiere la respuesta, el baile frenético que el gusto propio de bailar ocasiona.Ceder a las piernas el éxtasis del abandono y verlo surgir en estos saltos.
Te pisan, te recuerdan, te dan así la vida con que cortás los talones blancos éstos y después me dejo al acto placentero de aplastarte, con todas las fuerzas aplastarte, los ojos comprimidos, los labios pegados.
Te entierro así, en el polvo más volátil y suave. Tengo tus dedos muertos a la vista para regalarte una mirada cada tanto, saber que estás ahí y que tu presencia se convierte en mi trinchera, las trincheras que me cortan las piernas y me hunden a la oscuro y lo mojado.
A veces, si no te miento, me entregaría al anhelo de arrodillarme, pelarme las rodillas, llorar y ahogarme entre el barro que te recubre, comerme los mocos, tu carne podrida, hundir las cienes en lo putrefacto que entrega tu cara, tus huesos verdes y que me ahogues, me succiones, me entres el cuerpo todo y me beses. Con labios que se despedazan en cada bocanada contra los míos, que me beses, me pudras los dientes y la lengua. Que transportes la tuya hacia mi sur, hacia los límites de lo muerto y lo que está muriendo. Que me dibujes con tu lengua, descubrir rastros como de caracol.
Entonces te pertenezco, soy de tu mismo asco, de tu misma vida húmeda. Estamos a la par, me ves verde, me ves marrón.
Te abrazo con brazos que no sé donde acaban y te entregás al placer de lo putrefacto, de la mierda que nos baña. Ni vos pensás en la vida eterna, ni yo.
Y te abrís, te entregás en cuerpo, sólo en cuerpo si ya no somos alma y el entierro: una vez más, un entierro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario