Ya estaban ahí, ¿entendés?, otra vez.
Silenciosas como naciendo de las paredes,
acechando con paso milimétrico,
motivadas por todo lo que es tuyo
y que vos dejás ahí.
Ladronas por instinto.
Marchando en fila como un ejército,
metódicas y efectivas en su labor.
Escapándose entre lo que queda de la esponja,
llevándose las últimas de tus energías.
Mmm, y el olor.
Después el olor de sus muertes,
y los cadáveres desparramados sobre la lata o el mármol.
Cientos de diminutas y placenteras muertes.
Cementerio de cañerías.
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