Hubo una época en que pudimos escribirnos a través de las ventanas, mirar afuera desde y hacia la oscuridad, y sentir cómo mis brazos bailaban, cómo los tuyos cantaban, cómo éstos se acoplaban a la tormenta que nos venía acechando; caía el agua en nuestros campos vecinos pero porque nos desconocíamos, aunque a sabiendas de que el agua es toda una, de que llovía de tu lado y del mío y a la vuelta de la esquina lo compartíamos, como de espaldas. Y de repente estabas ahí.
Hola y qué bueno que pasás. Cerrá el paraguas ese de una vez. No, mejor no. Mejor hacé un lugarcito ahí abajo, a mí también me encanta la tormenta, mojarme de vez en cuando que son todas las veces.
Escuchás, ves, pensás, soñás. Pero claro, siempre pensé que fuera de ese modo, pero era sólo mi modo hasta hoy y nunca me creí nada de lo que dije. Ahora que vos también me lo decís me callo y sonrío. O a veces te lo digo (en secreto).
Y encima descubrimos del gusto de ser manzanos Y qué alegría que desde este momento en que ya no me puedo arrojar a la excusa de ser retoño, que me pesa el estar parado por mis propios medios, solo, y con éstas raíces tan (me voy a tomar el atrevimiento de poner tilde en Tán) débiles.
No, digo porque a lo mejor podemos crecer juntos. Que se yo, nunca se sabe cuando el cielo sopla fuerte, a lo mejor si no te molesta me puedo tener de vos, y no me molesta, vos de mí. Ah, qué bueno. Gracias por aliviarme con el no hace falta que digas, yo ya sé.
¿Y ahora?
Lo peor es que sé perfectamente lo que pasó, pero no se nada acerca de lo anteriormente aconteció. Me perdí en la tormenta.
De madera joven pudimos abrazarnos, y ahora que se hace más fuerte (pero viste que es lo que a todos pasa, no sé a este par de manzanos, nunca fuimos de esos) te veo sacudida por otro viento, me veo sacudido por otro también.
No sé nada de ser manzano, no sé nada de echar raíces fuertes para mañana, planificar para el después, estabilizarme, nutrirme para los frutos que van a venir. No sé nada.
Sé que se aproxima la tormenta, las ramitas más finas ya se mecen, y no te lo puedo contar. No estás. Te fuiste y sé por qué.
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