Mis pasos en esta calle
Resuenan
En otra calle
Donde
Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Sólo es real la niebla.

Octavio Paz

lunes, 26 de diciembre de 2011

Sobre el ilimitado placer de las buenas palabras


Una vez lo escribí como la segunda parte del título para la poesía del desesperado y ahí me sucedió. Me sedujo, y acabó con el trabajo posterior al coqueteo. Me dio el placer.
Es que estaba ahí, una escupida tan libertaria, un abrazo al me cago en todo, una patada a tu formalidad. Se veía así, tan explosiva, tan estas ganas de patearte la mesa con pavo y todo arriba (y claro, preferentemente el de navidad).
Y por entonces nacía la madrugada, y yo encontraba el silencio y me imaginaba la auténtica soledad.
Y el alivio.
Y te vi como frutillas con crema para la novia, como pito para “el raro”, como limusina para Fort.
Fuiste el parto. Las luces fueran las contracciones, y vos ahí el parto. El dolor del alumbramiento, pero qué gozo.
O el sorete. Los intestinos cerrados como trapo de piso detenido en el momento del estrujado que arruga las caras, y el sorete afuera cayendo como piedra. ¿Y qué te va a importar el salpicón?
Ah... que me juzgue la academia, mirá cuanto me importa (y su mayúscula).

Me diste en el momento un grito de respiración.

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